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Jordi Farrerons Barba - Fisioterapia en Costa Rica

Mi primera experiencia en el extranjero

Voluntario con grupo en geriátrico

Todo fue muy rápido. A principios del mes de Junio aún no sabía ni era consciente de la experiencia que iba a vivir en verano. Una serie de cambios en mi vida me permitieron soñar e imaginar en torno a la idea de viajar solo, lejos y ejerciendo lo que más me apasiona, la Fisioterapia. Me llamo Jordi Farrerons, soy de Barcelona y tengo 20 años.

Me puse en contacto con Projects Abroad (en mi ciudad, Barcelona) tal y como supe que tenía el mes de Julio y Agosto libres. Realmente, no tenía muchas expectativas en que el plan se pudiera poner en marcha, puesto que el tiempo real era mínimo, y supuse que organizar un proyecto así requería de mucho tiempo y de trámites parsimoniosos. La sorpresa fue muy grata cuando encontré en Projects Abroad un equipo implicado, dispuesto a ayudarme y con ganas de lograr el mismo objetivo que el mío: hacer de mi verano, el mejor verano de mi vida.

Al ponerme en contacto con el equipo, sabía más bien poco. Había visto en la página web un abanico enorme de posibilidades: muchos proyectos, muchos destinos, muchos periodos distintos de tiempo… Probablemente, cogido con tiempo habría sido capaz de discernir y acabar por escoger alguno. Pero en mi caso, disponía de poco tiempo, y yo tenía clara una cosa: quería que mi proyecto girase en torno al grado que estoy cursando: la Fisioterapia. Desde Barcelona, se me invitó a una reunirme con Projects Abroad. Con su ayuda y transmitiéndome en todo momento pasión y ilusión, acabé por cerrar el proyecto: un proyecto de 3 semanas en Costa Rica.

Una vez llegué a Costa Rica, viví un sueño. El tiempo se me escapaba de las manos, ¡pasaba volando! Me recogieron en el aeropuerto y me llevaron a la casa donde vivía la familia que me acogía. El primer día, el personal de Projects Abroad en Costa Rica me hizo una inducción muy práctica: se me enseñó el barrio donde vivía, el transporte público hasta el centro donde iba a realizar mi voluntariado y me acompañaron a comer con varios de los coordinadores, hecho que me hizo sentir cómodo y bien recibido desde el primer instante.

Mi voluntariado fue realizado en el Centro de Atención Integral al Anciano Francisca Valerio Badilla. El centro estaba a unos 20 minutos en autobús de la casa. Se me recibió con los brazos abiertos y muchísimas sonrisas tanto por parte del personal que trabajaba como por parte de los ancianos. Me sentí muy querido y entendí el por qué del dicho "Costa Rica es el país más feliz del mundo". Y no exagero cuando digo que en el Centro, el ambiente era de ternura, amor y respeto durante todo el día. No tengo palabras para describir lo bien que me hicieron sentir y el interés que mostraron en mi todos ellos. Me sentí parte de su gran familia.

Voluntario atendiendo paciente fisioterapia

Respecto a la Fisioterapia, enfoqué el proyecto con la mente abierta y dispuesto a absorber todo tipo de información y aprendizaje. Por primera vez supe lo que era enfrentarse sólo a un tratamiento, y entendí la responsabilidad que el fisioterapeuta tiene cuando el paciente confía ciegamente en que tu labor está siendo bien realizada. Crecí mucho personalmente (en aspectos de confianza, seguridad y relación) y también académicamente (sobre todo en el aspecto de tener una rigurosidad y metodología clara). Hay que destacar que en el centro se me ofreció también hacer otras actividades distintas a la Fisioterapia, tales como manualidades, juegos y entretenimiento. Realizarlas supuso para mí un aumento de los lazos con los que luego iban a ser mis pacientes, y en ese momento fue cuando entendí que en cualquier profesional de la salud, es igual de importante ser un buen profesional durante la terapia, como el hecho de ser humano y trabajar la confianza, simpatía y amistad. Finalmente, nombrar algunos detalles positivos a destacar: la fisioterapeuta encargada me explicaba detalladamente todo sobre la terapia de cada paciente, cada día comía en la mesa del resto de personal del centro (y me hacían sentir parte de su grupo conversando y riendo conmigo), se me ayudaba y recomendaba con cualquier cuestión que hiciera, ya fuera de transporte, turismo, horarios…, se me escuchaba cuando hacía peticiones de horarios para intentar organizar mejor mi estancia en Costa Rica, se me ofreció el Wi-Fi para estar en contacto con mi familia cuando fuera necesario…

Cada día al llegar a casa tenía a mi familia de acogida pendiente de mí (en el buen sentido de la palabra). Se preocupaban por mis sensaciones y experiencia en su ciudad.

La habitación que se me había ofrecido era muy grande y cómoda. Disponía de un vestidor propio, un baño con ducha para mí sólo y una buena cama con cómoda para dejar ahí mis pertinencias. Jamás nadie tocó nada ni miró en mis objetos personales. Fueron muy respetuosos con mi espacio y mi libertad, y nunca me negaron su ayuda ni consejos a la hora de organizar mis planes y desplazamientos. Incluso tuve unos días con algo de fiebre, y me cuidaron y se preocuparon por mí como si fuese uno más. Y es que realmente lo era. Me dejaron formar parte de su familia durante mi estancia.

Cada día al despertarme estaba un buen desayuno preparado encima de la mesa, y siempre desayunaba acompañado por algún miembro de la familia. Y realmente no noté que fuese por control o por querer tenerme localizado, simplemente dialogábamos y reíamos igual que hago en casa con mi familia real. Junto al desayuno, estaba mi comida empaquetada y preparada para llevar al Centro. Al llegar del trabajo tenía un rato para mi, donde nadie interrumpía mi descanso, lectura o tranquilidad. Luego me llamaban para cenar, y cenaba con todos ellos, comentando el día y conociéndonos todos un poco más.

Y si todo parecía perfecto cuando ya conocía el Centro de Ancianos y ya estaba acomodado en la família, apareció la gran familia de voluntarios y personal local.

Sencillamente espectacular. Desde Projects Abroad se nos facilitó el contacto con el resto de voluntarios al ofrecernos a todos eventos sociales y la comodidad de poder encontrarnos en sus oficinas, donde disponíamos de café y varios snacks. Ahí quedábamos y planeábamos las escapadas para el fin de semana. Cada fin de semana nos íbamos a conocer una nueva zona del país, cogiendo todos juntos un bus y manteniéndonos unidos a lo largo de todos los desplazamientos. En ningún momento tuve miedo o me sentí solo. Siempre unidos y con buen ambiente. Fué la mejor parte del viaje. Encontrar a otras personas, todas distintas pero con la misma idea en mente: disfrutar y conocer. Además, todos estaban muy comprometidos con sus voluntariados, por lo que era muy agradable escuchar sus relatos y experiencias acerca de su experiencia. Era un grupo grande, cargado de felicidad y alegría.

Otro aspecto que una vez he vuelto he valorado, es que la comunicación con el resto de voluntarios fue en su mayoría en inglés. Por lo tanto, practiqué muchísimo y aprendí de forma directa (con nativos americanos, ingleses y canadienses).

Grupo de Voluntarios en Costa Rica

Jamás imaginé que aventurarme solo a vivir una experiencia humanitaria me habría dado tanto. Y digo "dado", porque realmente con esta experiencia no he hecho más que recibir. Bien es cierto que ofrecí mi tiempo y mis ganas, así como mis conocimientos sobre Fisioterapia, a un proyecto nuevo para mí, pero aun así, en el balance final creo que nadie ha salido perdiendo nada. He aprendido a desplazarme solo y sin miedos. Nunca me había visto solo en un aeropuerto, dependiendo únicamente de mi puntualidad, seriedad y orden, experiencia que superé con creces. He aprendido a integrarme, puesto que nunca había tenido la ocasión de verme solo en una cultura y sociedad distinta (tanto en casa, como en el centro, como con los voluntarios). He aprendido a valorar también la suerte que tenemos todos nosotros, la humanidad, al existir tanta diversidad, porque nunca había tenido la oportunidad de descubrir la belleza y felicidad de otras formas de vida. He aprendido a dar las gracias a todo el que me regalaba su cariño sin pedir nada a cambio; y a que me las diesen simplemente por ofrecer mi tiempo y una sonrisa. Y sobre todo, he aprendido a valorar la vida de forma pura, sin adornos ni condiciones, ya que he podido ver que el tiempo pasa muy rápido, y que solo de nosotros depende hacer de la vida misma, la mejor experiencia de todas.

Y si me preguntan, "¿Oye Jordi, repetirías?" Simplemente me limitaría a sonreir, volver a sentir aquellos nervios y ilusión del día de mi despegue y respondería: "Claro, ¿dónde y cuándo?"

Agradecer a Projects Abroad por la experiencia y todo el trato que han tenido desde el primer minuto hacia mi, así como su implicación y profesionalidad.

Jordi Farrerons Barba

Esta es la experiencia personal de un voluntario en el proyecto y es el panorama de un momento específico. Tu experiencia puede variar, pues nuestros proyectos se adaptan constantemente a las necesidades locales y a los logros obtenidos. Los cambios climáticos estacionales también pueden tener un gran impacto. Contáctanos para obtener más información sobre lo que puedes esperar de este proyecto.

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