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Maria Font - Cuidados Generales en Etiopía

Voluntaria con niños en orfanato Etiopía

Hace más de un año visité por primera vez un país del África central y desde ese momento vi que quería volver, vivir y experimentar su cultura de forma más intensa. Además, siempre había tenido el sueño de hacer un voluntariado de larga estancia en el extranjero con niños, aunque tenía poca experiencia; además, tenía muchas dudas, ¿sería capaz de hacerlo?, ¿cómo sería la familia con la que conviviría?,…

Después de varios meses pensándolo, me decidí, cogí una excedencia en el trabajo para irme a Etiopía (un país que desde el primer momento te enamora) y apliqué en Projects Abroad.

Domingo de la palma ortodoxa en Entoto (Addis Ababa)

Aunque aún quedaban más de 2 meses antes de viajar, los nervios venías y se iban. Los preparativos son bastante intensos las primeras semanas, y luego poco antes de salir, con el visado y preparar la maleta.

El primer día fue todo sobre ruedas, los coordinadores de Projects Abroad me enseñaron parte de Addis Ababa (es una ciudad muy grande, que hay que tener paciencia para conocerla toda), cómo moverme por los alrededores de la casa donde vivía y del orfanato. Afortunadamente, vivía a 10 minutos andando del orfanato, por lo que era muy sencillo ir y venir. Aun así, tenía que coger el taxi compartido, son furgonetas que van por la ciudad y que la usan como transporte público, para ir a la escuela de amhárico.

Injera, la comida típica de Etiopía

El trabajo en el orfanato consistía por las mañanas y hasta la hora de comer, en enseñar inglés y matemáticas en el Kindergarten. En esta clase, venían los niños que aún no podían ir a la escuela por edad o por necesidades especiales, y aquellos que habían llegado después de empezar el curso y van a ser adoptados en breve. Las tardes por otro lado, eran más relajadas y las pasaba con los bebés, alimentándolos, jugando o simplemente dándoles mimos. Siempre que te veían venir, te sonreían y estaban alegres.

La familia desde el primer día me trataron como un miembro más de la familia. Siempre que había tenido alguna pregunta o problema, estaban allí para ayudarme. Me daban la comida en un “tupper” cada mañana bastante abundante. Y por las tardes o antes de dormir, pasábamos algún rato hablando desde la diferencia entre su cultura y la mía hasta temas más personales.

Lalibela, en uno de los viajes por el paísSimien mountains, en el norte de Etiopía Pasando un rato con los monos.

La gente de la comunidad local son personas muy abiertas, y al ver que no eres de allí siempre sienten curiosidad y preguntan y ayudan en todo lo que pueden. Así que fue muy fácil conocer personas locales y hacer nuevos amigos. Aun así, hay que acostumbrarse a ser el centro de atención en cada momento.

Voluntaria de Projects Abroad pintando con niños

El trabajo con los otros voluntarios en el orfanato ha sido excelente. Aunque todas éramos muy diferentes de carácter, nos compenetrábamos muy bien en el trabajo.

Además, siempre era buen momento por las tardes, para salir a conocer la ciudad o simplemente cenar a tomar algo. Era parte de la pequeña familia que tenía allí.

Con las mismas voluntarias salimos de Addis Ababa durante algunos días para hacer turismo en el norte de Etiopía (Lalibela, las montañas Simien y el lago Tana) y el este (Harar). Al llevar ya varias semanas allí, es muy fácil saber cómo viajar por el país. Y además, fue un buen momento para practicar nuestro amhárico.

Niños enseñando dibujo

Antes de llegar a Etiopia sabía que esta experiencia iba a cambiarme, tanto la manera de pensar y hacer las cosas. Y realmente ha sido así, hacer un voluntariado con los niños me ha ayudado a adaptarme a diferentes situaciones y personas, y saber empatizar y mostrar de forma más natural mis sentimientos. Estoy convencida que he aprendido mucho más de ellos que lo que han podido aprender de mí. Pero, he visto el cambio y como han ido creciendo durante estas 10 semanas; y me hace feliz ver como ellos también han aprendido, y han mejorado en el inglés. Algunos de ellos al principio no sabían contar hasta diez, pero que ya saben llegar a 20.

En cuanto a viajar en el extranjero, he visto que hay que ir siempre con la mente abierta, no se va a encontrar un sitio con las mismas comodidades como en casa, pero si lo básico para vivir y con el mismo corazón que te va hacer sentir como en casa.

Si quieres vivir una experiencia como la de Maria Font, haz clic aquí para saber más acerca de este proyecto.

Maria Font

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